30 de agosto de 2010

My big, fat & wonderful USA Tour'10 (VIII)

Publicación planeada para el 26.08.2010

Bienvenidos a la única ciudad del mundo (creo) con maquinas tragaperras en las cintas de equipaje…

Al margen de la imagen superficial, el aeropuerto McCarran es uno de los más bonitos que conozco.

Bienvenidos a…


¡Viva las Vegas! O eso dice la canción. La llamada Disneylandia de los adultos se reduce, aunque el juego es legal en todo el estado de Nevada, a un par de calles de la ciudad. Tres premisas son los principales reclamos: juego, sexo y alcohol a raudales. Las compras y los espectáculos son también parte de la oferta de este conjunto, algo grotesco, de hoteles y centros comerciales.


El cartel que os acabo de mostrar está a la entrada del Strip de las Vegas. En esa calle, abriendo el Mandalay y casi cerrando el Stratosphere, están los que son hoy los más famosos hoteles-Casino de la ciudad. Ciertamente impresionantes. Yo estoy alojado en El Luxor, no hay que ser muy inteligente para adivinar cual es la temática del complejo casino que tiene forma de pirámide y cuya entrada es una enorme esfinge. Los demás no se quedan atrás…

El New York...con montaña rusa incluída.

El París, con reproduccíón de una famosa torre, la Ópera, el Louvre y hasta el arco del Triunfo. El de rojo soy yo alucinando.

El Venecia.

Para mi el más bonito, el Bellagio. Escenario de Ocean's Eleven

Pero os aseguro que una vez visto uno, visto todos. Para diferenciarse todos tienen algo que merezca la pena ver pero en lo esencial son prácticamente iguales: Casino, grandísimos halls con todos los servicios y, muchos de ellos, tiendas de lujo. Como hall el más impresionante me ha parecido el Bellagio, con jardín botánico incluido, pero como monstruoso no creo que ninguno gane al Caesar Palace. Muchos ofrecen shows gratuitos que son seguidos por la muchedumbre que recorre la calle prácticamente a todas horas.

Cabria preguntarse si Prada o Chanel son muy exclusivos teniendo tres locales en la misma calle, pero da igual, todo aquí resulta excesivo y muy kistch. Un David de Miguel Ángel a tamaño natural rodeado de tiendas, o una Ópera Garnier de París con repartidores de teléfonos de prostitutas es algo llamativo, no lo voy a negar, pero una vez vista la sorpresa de una arquitectura del tipo “a ver quién imita mejor, ya se cansa uno de ver replicas como la de  la ciudad de Venecia, con la reproducción de la Plaza San Marcos cubierta por un poster de una tía en biquini anunciando un striptease show, o de la Torre Eiffel.

Cuando ya se ha paseado por los hoteles (no me resultó apasionante) y admirado la arquitectura se acabó la diversión turística, sólo queda gastar dinero o bien jugando, bien bebiendo, bien en sexo o bien en los cientos de espectáculos que ofrece la ciudad.

Hasta 6 espectáculos del Circo Del Sol se representan actualmente. Temporadas de conciertos de estrellas americanas, Barry Manilow o Cher, y shows puntuales de cantantes internacionales también se dan cita junto a un motón de espectáculos de todo tipo. A mí me llama poderosamente la atención el tema del Circo del sol. Yo los he visto y me dio la impresión de que era circo de toda la vida pero con maquillaje llamativo. Algo así como ponerle un cuerno al trapecista en la frente y cobrar por verlo 20 veces más de lo valía verlo antes. Obviamente estoy equivocado porque parece entusiasmar a todo el mundo. El coste de estos espectáculos no es barato, todos están por encima de los 60 dólares (la más barata) pero la oferta es impresionante. No es que sean más caros que en España, el precio es similar, pero cuando estás haciendo turismo hasta el último dólar (y más en USA) cuenta y de la oferta, brutal, no hay nada que me llame la atención: Los humoristas locales, son eso: muy locales y una versión troceada del Fantasma de la Ópera (¡lo que hay que ver!) no es algo que me apasione.

Para disfrutarlos no hay que salir del hotel. 6 shows se representan en el mío en este momento, pero sólo pasando al siguiente, y sin salir a la calle, me puedo encontrar con otros 6 más. Puentes, túneles, pasadizos y hasta un monorraíl comunican a todos los hoteles del strip en los que la actividad no para nunca. Si no sales a la calle, te da la sensación de que el tiempo no pasa.

De día (cuando sales a la calle). Vista del Excalibur.

Visto el Strip y sus atracciones, fuimos al Downtown, la parte más antigua de las vegas, a ver la calle Fremont y su enorme pantalla. La calle, peatonal, está llena de imitadores (Kiss, Michael Jackson, Dolly Parton y , obviamente, Elvis Presley) y chicas de cabaret llenas de plumas. La zona resulta, aunque es luminosa, muy decadente. Es la parte que más me ha gustado de la ciudad precisamente por eso. La calle está cubierta por una enorme pantalla de casi 500 metros de largo que me pareció el más fabuloso de los espectáculos gratuitos de la ciudad. Yo vi un montaje de Queen muy bueno.

Casino que da nombre a la calle ¿O es al reves?

Luminoso más famoso que la Coca Cola.

Espectacular pantalla

Del Strip al Downtown hay un autobús que te lleva. En el trayecto puedes ver lo desértico del lugar y lo deprimente que resulta todo lo alejado de las luces de neón. Te das cuenta de lo artificial que resulta todo en esta ciudad. Como sus imitaciones, nada es real y eso parece ser lo divertido de una ciudad que abruma precisamente por esa necesidad de divertir. Tener una depresión aquí es como tenerla en navidad...

El sexo, previo pago, es omnipresente. Un montón de repartidores te lo ofrecen mediante tarjetas que ofertan chicas durante todo el tiempo. La bebida es cara, gratis si juegas pero para que te la den deben verte jugando bastante rato y las entradas a las discotecas, que prometen celebrities en muchas de ellas, son también caras y sin consumición.

No faltan en la ciudad sus conocidas capillas de bodas. La mayoría de los hoteles tiene la suya (hay que verla) pero también las hay fuera. Es curioso. En una ciudad donde la lujuria y la avaricia, dos de los 4 pecados capitales, se promueven con tanto ímpetu, encontramos la Santa Biblia en el primer cajón del hotel.

¿Decepcionado? No. Ya me lo habían comentado. ¿Impresionado? Sin duda. Que el ser humano haya sido capaz de montar semejante show en mitad de un desierto y que la gente lo tome como destino de vacaciones, es algo a valorar. Con temperaturas que superan los 45 grados centígrados, es una hazaña estar por la calle, pero más calor pasaré, sin duda, en pleno desierto cuando visite el Gran Cañon del Colorado, pero será en mi próximo capítulo.


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