¡Vente a Alemania Maxi! /3

Introducing Helmut
Me da un poco de rabia no poder colgar tantas fotos como estoy haciendo  y , sobre todo, no saber si  esto es por el nuevo blogger o la conexión gratuita del hotel donde me encuentro y desde donde escribo este capítulo: Un ex hospital (estoy seguro) que se llama Art Hotel porque tiene las puertas dedicadas a ¿obras Pop? Lo bueno es que está muy cerca del centro, aunque es imperdonable que no tenga aire acondicionado (está haciendo mucho calor).
Gracias a los comentarios previos, aunque echo de menos a algún lector fiel, y gracias especialmente a Rubén  por aclararme el tema de los candados en el puente de Francfort: Lo que antes me producía alguna gracia, ahora me parece de una cursilada insoportable.


-Esta gente va vestida de Bávaro
-Maxi, que no, que van a trabajar…
-¿La familia al completo?

MÚNICH (MÜNCHEN)
Tengo que confesarlo, una vez he conocido Múnich (Capital de Baviera): ME ENCANTA LA INDUMENTARIA BÁVARA. He visto a varios chicos y chicas vestidas de esa manera, más o menos como va Helmut, el osito que abre el post de hoy y tercero sobre mis vacaciones en Alemania.  De hecho, he visto locales comerciales con escaparates compartidos entre ropa bávara y la, digamos, normal.


Si a esto añadimos que mi nombre está omnipresente en la ciudad mi veredicto sobre ella es muy claro: Múnich es fantástica.
Sí, ya sé que en la Elipa (Madrid) hay una calle San Maximiliano, pero no es lo mismo…
Múnich es la tercera ciudad en importancia del país y la sensación que tiene uno al recorrer sus calles, sobre todo las menos turísticas, es que se debe vivir muy bien y con algo más de alegría que en Francfort. Es obligado el recorrido desde la Karlplatz hasta la Marienplatz (Neuhauser Str. - Kaufingerstr.) para ver la actividad comercial, notoria, de la ciudad. Una vez llegados al destino, corazón y centro de la ciudad, encontramos el impresionante ayuntamiento, un edifico neogótico cuya mayor atracción es un carrillón ubicado en la torre y que es el más grande del País. Por la zona hay que tomarse un pretzel y probar, por lo menos, la cerveza de trigo (Weissbier) aunque yo prefiero la normal.

Baviera es católica y muy conservadora, de aquí es Benedicto XVI, tan de actualidad en nuestro país estos días, por lo que es recomendable visitar sus iglesias. San Johan Nepomuk, también conocida como Asamkirche, con su impresionante arte rococó (ojo a los que no toleren ambientes recargados) y Theatinerkirche o Iglesia a San Cayetano de la que me impresionó su blancura interior y su fachada, que un día soleado como el que me tocó, resaltaba su color amarillo.
Muchos edificios de interés hay en el centro de Múnich, como el Residenz, pero yo me quedo con sus cuidadísimos jardines y con la rivera del rio Isar, donde hasta pude ver la misma actividad que en una pequeña cala de nuestras playas.
En 2005 una película me dejó helado. En ella, y con gran crudeza, Steven Spielberg relataba un conocido suceso acontecido durante los juegos olímpicos que se celebraron en la ciudad en 1972. Múnich, que así se llama la cinta, relataba los meses posteriores a la tragedia que supuso la muerte de 11 deportistas Israelíes a manos de un grupo terrorista palestino llamado Septiembre Negro. Con este viaje he podido visitar el escenario donde paso aquello conociendo el anillo olímpico de la ciudad.




Como toda sede olímpica, es interesante conocer el lugar y ver el estadio olímpico, donde se situaba la antorcha o las piscinas de competición. La entrada al recinto cuesta unos 2 euros pero merece la pena. Hoy se siguen celebrando aquí eventos deportivos y es utilizado como recinto multiusos para festivales o conciertos.
Junto al recinto encontramos la sede de la  Bayerische Motoren Werke (BMW) que tiene un museo de entrada gratuita donde se puede seguir la evolución de la marca y sus avances tecnológicos.
Para acabar el día fuimos a conocer una nueva zona de la ciudad que, curiosamente, tampoco aparece en la guía. Es la que rodea a la Gärtnerplatz, calles con preciosos locales para cenar, elegantes y bien decorados pero sin ser astronómicamente caros. Una zona, perdonadme la cursilada: deliciosa.


Otro punto importante de la ciudad a nivel cultural/gastronómico es conocer la Hofbrauhaus, un gigante lugar de tres plantas y muchos metros cuadrados  para deleitarse con la típica comida alemana del lugar. Su origen data de 1589 pero su configuración actual data de 1897 y desde entonces sigue intacta. A duras penas me he podido acabar el litro de cerveza que me han puesto en una enorme jarra gracias a la cual han venido a mi cabeza mis múltiples amigos cerveceros.


Nos vemos en la cuarta parte…que me quedan muchas cosas. Saludos y gracias por seguirme.

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