24 de septiembre de 2015

Big in Japan I

Después de que mi sobrina me bautizara como Musication allá por julio no se me ocurría mejor título que la canción de Alphaville de 1984 Big in Japan para escribir los post de un sueño cumplido: conocer Japón.



He tenido que ordenar, sobre todo por los nombres, la información que veis ahí arriba para redactar la aventura que comenzó el 11 de agosto de 2015 y que me llevó a conocer uno de los lugares más fascinantes en los que haya estado jamás. Todo en el viaje ha sido alucinante: los vuelos, el destino, la comida, la gente que he conocido...una experiencia que no olvidaré nunca. Por supuesto, esos posts no tienen la menor intención de ser una guía de viaje, sino simplemente reflejar mi experiencia en aquel país. 

El vuelo de ida


El viaje empezó de una manera excepcional. No está bien alardear de ello, pero hay que contar que además de volar en uno de los espectaculares A-380 de la compañía Emirates tuvimos la enorme suerte que nos hicieran el up-grade, es decir, que nos pasaran de turista (economy class) a ¡Business!.  Desde ya se ha convertido en mi línea aéra favorita ¡Menudo trato!. La experiencia fue fabulosa. La Business está situada en la segunda planta del avión y a las comodidades típicas de la clase hay que añadir el exquisito trato de la tripulación y un confort digno de un hotel de 5 estrellas, con bar incluido. Creo que durante las 7 horas que nos llevó el vuelo Madrid-Dubai pude comer como dos kilos (no exagero) de anacardos y ver 3 películas enteras. El segundo vuelo, el que nos llevaba desde Dubai a Osaka, que era más largo, fue en turista y en un Boing 777 bastante más estrecho. Allí comprobamos que, salvo el lujo, la compañía mantiene para la economy class el mismo exquisito trato y la misma oferta audiovisual, muy amplia, que en las clases superiores.


La escala en Dubai me sirvió para confirmar que todo lo que me comentaban del aeropuerto, un autentico crisol de nacionalidades y razas, era cierto ¡Si hay hasta una serie dedicada a su funcionamiento! Abierto 24 horas, lo que no suele ser muy común, me quedé asombrado de la capacidad de los árabes para crear un hub interncional de primer nivel (vuelan a todos los rincones del mundo) en mitad del desierto. Cuando llegamos, la 1 de la madrugada hora local, el aeropuerto parecía la puerta del sol en navidades. Increíble.

Osaka, 11 de agosto de 2015

Una guía, ya os hablaré de Reiko, nos esperaba allí y en el autobús que nos llevaba al hotel, nos enseño dos cosas, donde sacar y cambiar dinero y las palabras que nos abrirían todas las puertas...



De la tercera ciudad de Japón comentaba la nefasta guía (la de papel) que llevábamos que lo más destacable era su vida, su energía y, por lo menos en eso, no se equivocaba. Yo estaba tan ilusionado que a pesar de las 20 horas de viaje ni lo dude un momento y tras dejar la maletas nos fuimos a recorrer sus calles. Eran las 7 de la tarde y lo primero fue conocer los alrededores del Hotel Rihga Royal en Kita-Ku para buscar un sitio donde cenar.  Fue poner un pie en la calle y descubrí algo que sería tónica general durante el viaje, el asfixiante calor húmedo que sufre el país en verano. Se te mete en el cuerpo y no se te va hasta que lo abandonas pero ¿iba impedir el calor cumplir un sueño? La fortuna quiso que en el paseo encontráramos encantadoras callejuelas con la típicas tabernas japonesas pequeñitas y llenas de habitantes locales. 


No nos atrevimos a entrar en ninguna por eso del miedo, que enseguida perdimos, a comunicarnos. Hay muchos japoneses que hablan inglés pero son muchos más los que no lo hablan y nos asustó no encontrar ningún lugar con las cartas en otro idioma que no fuera Japonés. Finalmente cenamos como cualquier japones en un funcional restaurante en el que si bien no se hablaba nada en inglés, la comida era servida previa entrega de un tiquet que proporcionaba una maquina. Tardamos como 5 minutos en averiguar como funcionaba pero cuando lo descubrimos, cenamos  bastante bien la típica comida japonesa. ¡Como me gusta probar cosas nuevas!

Bueno, no es dificil ¿no? pollo frito algo agridulce, soja, tofu, arroz y sopa acompañado todo por una frequisima cerveza que me supo a gloria.

Al cenar pronto decidimos hacer caso la guía y puesto que íbamos a estar menos de 24 horas decidimos conocer un indispensable, el área comercial de Dotonbori. Para ello tuvimos otra experiencia magnifica: montar en metro. Una cosa que tiene buena el japones es que en caracteres latinos suena (casi siempre) como se escribe, es decir, Dotombori suena exactamente como está escrito D-O-T-O-N-B-O-R-I. Eso facilita mucho las cosas al turista extranjero que desconozca el idioma. Aún así nos perdimos pero...¿No es una gozada perderse a veces?



Perdidos y todo supimos llegar a nuestro destino y yo vi por fin ese Japón lleno de luz y tecnología, futurista y a la vez tradicional que había idealizado. Creo que no se me borró la sonrisa en ningún momento de una tarde realmente apasionante. Sin ningún gran monumento, solo vida urbana. 




Todo en tres horas tras las que acabamos realmente agotados después de casi dos días sin dormir. Fue llegar al hotel y cerrar los ojos automáticamente. Nos esperaban unos días maravillosos por delante.

Lección del día: ¡Qué amables son los Japoneses! Como he comentado nos perdimos y no puedo más que agradecer al hombre que chapurreba español y que nos llevó hasta las taquillas del metro para ayudarnos a volver al hotel. Finalmente tomamos el único taxi que tomaríamos ese viaje. 

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