1 de octubre de 2015

Big In Japan VI

KYOTO - NAGOYA - SHIRAKAWAGO - TAKAYAMA, domingo 16 de agosto de 2015 (¡qué horror de calor!)

De vuelta con el tour y todos los compañeros, viví la experiencia de tomar el famoso tren bala. Entre nosotros diré que nuestro AVE le da mil vueltas pero en su descargo, el Shinkasen, es el pionero en ferrocarriles de alta velocidad por lo que viajar en el es una experiencia más de las que hay que vivir en tierras niponas. Me gusto mucho eso de poder cambiarle tu mismo la dirección del asiento, una cosa que bien podría funcionar en nuestros trenes.

El tren es cómodo pero relativamente pequeño, de hecho debimos dejar las maletas grandes (no las volvimos a ver hasta Tokio) y ir acompañados de pequeños troleys no solo por el espacio sino también porque las entradas y salidas al tren son brevísimas y debes entrar y salir casi corriendo.


Un autobús nos recogió en Nagoya, donde no vimos nada, y emprendimos un viaje donde algunos pudimos dormir algo hasta que llegamos a Shirakawago. Así empezarían los dos días que pasaríamos en el centro del país con intención de ver el impresionante monte Fuji antes de llegar a Tokio. Este es otro de los problemas de los viajes organizados...los desplazamientos. No porque de otra manera lo puedas hacer, si quieres ir tienes que hacer kilómetros, pero si vas solo pues te organizas como quieres y paras donde te da a ti la gana.  El rato que no dormiamos, Reiko seguía explicándonos cosas de Japón, de su cultura, de su forma de vivir y de sus ciudades. Cada vez me iba gustando más esta Japonesa, que con su castellano aprendido por el amor a nuestro país, nos ponía al día de todo lo que habíamos visto y veríamos hasta el final del viaje.


La aldea histórica de Shirakawago es una visita obligada para cualquiera que se desplace a Japón, Patrimonio de la Humanidad desde 1995, está atravesada por el rio Shogawa y rodeada de montañas. Justo en una especie de acantilado de una de esas montañas, comimos la típica comida japonesa del lugar.

A ver si lo recuerdo: Lo del cuenco naranja eran una especie de alubias gigantes acompañadas de algas como macerado todo en algo agridulce. Lo de la bandeja rectangular no necesita muchas explicaciones ¿no?, luego había carne muy finita que se hacía en un hornillo acompañada de verduras. En el centro de la bandeja se ven unos noodles, que estaban bastante sosos, y un gajo de naranja (el postre). Ya en la parte inferior, una sopita y el plato, un baso de agua y una taza de té. 


Hay quien no probó bocado pero yo lo comí casi todo y debo reconocer que me pareció algo duro de digerir. No estaba malo pero nuestro paladar occidental está acostumbrado a otras cosas. Como experiencia es incuestionable pero hubo quien se quejo de la calidad (y cantidad) de la comida. El restaurante era el típico sitio cutre pero con el encanto de estar en un marco incomparable. No tenéis más que ver lo que se veía nada más salir del mismo.



Las espectaculares vistas nos hicieron sacar otras muchísimas fotos y en local te hacían una de grupo que te vendían (sí, como en un parque temático) por unos 10 euros. 


Una vez ya en el pueblo pudimos apreciar la peculiar arquitectura de sus casitas. El estilo se llama gassho-zukuri, y su peculiaridad es ese tejado triangular muy inclinado y  hecho de paja para aguantar la  nieve que cae en los meses de invierno. Reiko nos explicó que estos tejados hacen referencia a las manos cuando están en oración o rezando. Pudimos visitar una por dentro y comprobar como se calientan y donde comen y duerme quienes las habitan. La mayoría son hospederías, restaurantes o están abiertas al público para su visita. Si en verano ya me pareció un espectáculo el lugar, no me quiero imaginar lo bonito que será verlo lleno de nieve en enero o febrero.


Nos dio rabia, a pesar de la visita a la casa no estar un poco más de tiempo recorriendo el lugar, pero los tiempos marcaban y había que llegar a Takayama, la peor parada de todo el viaje realizado.

Es tema es que no fuimos a conocer Takayama, sino sus calles comerciales para hacer una cata de Sake. La tipica visita 100% turística para que compres una botella o cualquiera de los recuerdos que vendían en las tres calles en las que estaban las tiendas y bares.  Me indigné por tener que pasar ahí dos horas, que se me hicieron eternas, en lugar de hacerlo en otros sitios más atractivos. Ni una foto colgaré de Takayama, no por que las calles fueran feas, la típica construcción japonesa, sino porque la parada me pareció un saca-cuartos en toda regla.

La noche la pasamos cerca de allí, en hotel donde volvimos a tomar la típica comida del lugar y probamos lo que era un Onsen. En cuanto a la cena, nada que ver con la comida. Muy buena, probé hasta medusa (es como la gelatina sin sabor) y me tomé una de sus  cervezas. Todos quedamos encantados. En la habitación no tenían preparados unos Kimonos con los que podíamos subir a unas piscinas con agua volcanica que había en las plantas superiores del hotel, o lo que es lo mismo un Onsen

Los Onsen son lugares de relajación donde, separados hombres de mujeres, nos introducimos totalmente desnudos en aguas a una elevada temperatura, hasta de 40 grados.  No se puede uno meter con heridas abierta o, que curiosidad, con tatuajes. La experiencia es de lo más curioso. Subes en kimono, te descalzas antes de entrar en el tatami, metes tu kimono y pertenencias en una taquilla, tomas una toallita de mano, te tomas una ducha sentadito en una banqueta sin salpicar al de al lado y te metes al agua caliente como viniste al mundo. Y os preguntareis ¿para qué la toallita de mano? para taparte un poco si ere púdico o para elminar de tu cara el vapor que genera el baño. Como no hay donde dejarla es habitual ver a japoneses sumergidos hasta el cuello con la toallita perfectamente doblada sobre la cabeza.

Como curiosidad está bien pero vamos, yo no me relajé en absoluto. Me reí un rato, me tome un helado al salir de allí y me metí en la cama. Dormí esa noche como un lirón y supongo que fue por el baño que a mi no me dijo nada pero a mi cuerpo le sentó de maravilla.


LECCIÓN DEL DÍA: ¡Di NO a los sacacuartos turísticos! 

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